22 de noviembre de 2025
Varios países de América del Sur han intensificado en los últimos años su esfuerzo por diversificar la canasta exportadora y reducir la dependencia histórica de materias primas. La búsqueda de mayor valor agregado en bienes y servicios se ha convertido en un objetivo estratégico, tanto para mejorar la competitividad internacional como para fortalecer la creación de empleo calificado y la resiliencia frente a los ciclos de precios de los commodities.
Tradicionalmente, la región ha estado fuertemente ligada a la exportación de productos primarios como minerales, soja, petróleo, derivados agrícolas y otros recursos naturales. Si bien estos sectores siguen siendo relevantes para las cuentas externas, la volatilidad de los mercados internacionales y las exigencias de una economía global cada vez más orientada a la tecnología han puesto en primer plano la necesidad de avanzar hacia estructuras productivas más diversificadas.
En este contexto, gobiernos y actores del sector privado han impulsado programas que apuntan a desarrollar cadenas agroindustriales, manufacturas con mayor contenido tecnológico y servicios basados en conocimiento. La agroindustria es uno de los campos con mayor potencial, mediante la transformación de materias primas en alimentos procesados, biocombustibles, insumos para la industria farmacéutica y productos diferenciados destinados a nichos de alto valor.
El sector de servicios también gana relevancia. Varios países sudamericanos promueven la expansión de industrias vinculadas al software, la economía digital, los servicios profesionales y la exportación de soluciones tecnológicas. Estos sectores requieren capital humano especializado y marcos regulatorios que faciliten la innovación, la protección de la propiedad intelectual y la integración en cadenas globales de valor.
La infraestructura es otro punto clave en la agenda de diversificación. Mejorar corredores logísticos, puertos, aeropuertos y redes de transporte interno resulta esencial para reducir costos y tiempos de envío, factores que influyen directamente en la competitividad de los productos con mayor grado de procesamiento. En este sentido, los proyectos de integración física regional son vistos como una oportunidad para facilitar el comercio intrarregional y acceder de manera más eficiente a mercados extra continentales.
Las políticas de apoyo financiero y crediticio también forman parte de la estrategia. Bancos de desarrollo y agencias públicas de fomento han puesto en marcha líneas de crédito, garantías y programas de asistencia técnica para empresas que buscan innovar en productos, mejorar procesos o conquistar nuevos mercados. Las pequeñas y medianas empresas representan un núcleo fundamental de este esfuerzo, dado su potencial para generar empleo y dinamizar economías locales.
No obstante, el camino hacia una mayor diversificación presenta desafíos significativos. La inestabilidad macroeconómica, las dificultades de acceso al financiamiento, los cambios frecuentes en los marcos regulatorios y las brechas en formación de capital humano pueden frenar proyectos de inversión de largo plazo. A esto se suma la necesidad de coordinar políticas industriales con políticas educativas, científicas y tecnológicas para asegurar coherencia en la transformación productiva.
Los acuerdos comerciales también juegan un rol relevante. La negociación de nuevos tratados y la actualización de acuerdos existentes abren la puerta a mercados con mayores exigencias en materia de estándares técnicos, sanitarios y medioambientales. Adaptarse a estas reglas implica inversiones en calidad, trazabilidad y certificaciones, pero también puede convertirse en una ventaja competitiva si se logra consolidar la reputación de la región como proveedora de productos confiables y sostenibles.
Analistas señalan que la clave para avanzar en la diversificación reside en combinar políticas de Estado estables, instituciones sólidas y una estrecha articulación entre gobierno, empresas y sistema científico-tecnológico. La generación de entornos de negocios previsibles, la simplificación administrativa y el impulso a la innovación pueden contribuir a que la transición hacia una economía más compleja no quede limitada a experiencias aisladas.
Si estos esfuerzos se consolidan, América del Sur podría ampliar su presencia en segmentos de mayor valor agregado, reducir su vulnerabilidad a los vaivenes de los precios de las materias primas y fortalecer su inserción en un contexto internacional cada vez más competitivo. El impacto potencial abarca tanto la mejora de los ingresos externos como la creación de empleos de calidad y el desarrollo de regiones que hoy dependen de unos pocos productos para sostener su actividad económica.
© 2025 Octavio Chaparro. Todos los derechos reservados.
Aviso legal: Este texto es obra original de su autor y se encuentra protegido por la legislación internacional de propiedad intelectual. Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización expresa del titular.