El martes 27 de mayo de 2026, Ursula von der Leyen aterrizó en Vilna. No fue una visita de protocolo. La presidenta de la Comisión Europea llegó a la capital lituana convocada por una crisis concreta y creciente: en las últimas semanas, los espacios aéreos de Lituania, Estonia, Letonia y Finlandia han sido violados repetidamente por drones militares cuyo origen exacto sigue bajo investigación, pero que la UE, la OTAN y los tres gobiernos bálticos atribuyen a una operación deliberada de desestabilización híbrida del Kremlin. El mecanismo es sofisticado: drones ucranianos de largo alcance lanzados contra objetivos en Rusia son desviados —mediante guerra electrónica y jamming de señal GPS— hacia el espacio aéreo de los países miembros de la OTAN y la UE, generando exactamente el pánico, la confusión y el debate político que Moscú busca sin necesidad de lanzar un solo proyectil desde territorio ruso. "Los ciudadanos de los países bálticos están viviendo lo que muchos creían que pertenecía a otra época: alertas de ataque aéreo, familias refugiándose, escuelas cerrando, interrupciones del transporte", declaró Von der Leyen ante los tres presidentes. "Esta es la realidad en el flanco oriental de Europa en 2026".

Los incidentes que desencadenaron la crisis

La escalada comenzó a hacerse pública a mediados de mayo. El miércoles 20 de mayo, las sirenas de alerta sonaron en Vilna, capital de Lituania —una ciudad de 600.000 habitantes que no había activado alertas de este tipo desde la Guerra Fría—, mientras se reportaba la presencia de un dron de origen desconocido sobrevolando el espacio aéreo lituano. Ese mismo día, las Fuerzas Armadas de Letonia publicaron en X: "Confirmamos que hay al menos una aeronave no tripulada en el espacio aéreo letón". En Estonia, un caza de la OTAN derribó un dron de origen desconocido en el marco de la misión de policía aérea reforzada que la Alianza mantiene en la región. En los tres países, el patrón fue el mismo: drones de largo alcance —cuya tecnología y rango apuntan a material ucraniano— sobrevolando territorio de estados miembros de la OTAN, aterrizando o siendo derribados, con el Kremlin negando cualquier implicación y acusando a los propios bálticos de "provocar tensiones artificiales". La conclusión a la que llegaron la UE y la OTAN es que Rusia y Bielorrusia están interfiriendo deliberadamente en las señales GPS de los drones ucranianos para redirigirlos hacia territorio aliado y generar exactamente el clima de inseguridad, desconfianza e inestabilidad que más conviene a Moscú.

"Esto no son incidentes aislados. Es una estrategia deliberada de Rusia para desestabilizar nuestras sociedades democráticas. La UE responderá con unidad y determinación." — Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, Vilna, 27 de mayo de 2026.

La respuesta de la UE: 12.000 millones del programa SAFE y 1.500 en cohesión

Ante la gravedad de la situación, Von der Leyen anunció en Vilna el paquete de respuesta europeo que los tres países bálticos venían reclamando desde el 26 de mayo en el Consejo Europeo. Los compromisos concretos son dos. El primero: los países bálticos recibirán en conjunto 12.000 millones de euros a través del programa europeo SAFE (Security Action for Europe), el mecanismo de financiación de la industria de defensa lanzado en 2025 como respuesta al aumento del gasto defensivo en el continente. El segundo: 1.500 millones de euros de fondos de cohesión serán reasignados para mejorar la vigilancia fronteriza, la seguridad y la preparación defensiva en la región. Ambas cifras son las más grandes comprometidas para los países bálticos desde su adhesión a la UE en 2004. Pero el dinero, por sí solo, no resuelve el problema inmediato: los tres gobiernos exigen también tecnología anti-dron de alta gama, acceso a datos de inteligencia europeos en tiempo real y una coordinación táctica más estrecha con el mando de la OTAN para hacer frente a incursiones que se están produciendo con una frecuencia que los sistemas de respuesta actuales no pueden absorber.

El mapa de incidentes y respuestas en el Báltico (marzo-mayo 2026)

País Incidente principal Fecha Respuesta
Lituania Alertas de ataque aéreo en Vilna; escuelas cerradas; familias refugiadas 20 mayo 2026 Activación de sirenas; solicitud de ayuda urgente a la UE; presidente Nausėda se reúne con Von der Leyen
Letonia Al menos un dron confirmado en espacio aéreo letón; varios incidentes previos en semanas anteriores 20 mayo 2026 Alerta pública de Fuerzas Armadas; comunicado conjunto báltico exigiendo más gasto OTAN en defensa anti-dron
Estonia Caza de la OTAN derriba dron de origen desconocido en espacio aéreo estonio Mayo 2026 Derribamiento por F-16 aliado; presidente Karis participa en reunión con Von der Leyen en Vilna
Finlandia Varios drones de largo alcance detectados en espacio aéreo finlandés Marzo-mayo 2026 Activación de protocolo OTAN; coordinación con BALTOPS y misión Baltic Air Policing
Los tres bálticos (conjunto) Comunicado conjunto exigiendo más gasto en defensa anti-dron de la OTAN 27 marzo 2026 Respaldo de OTAN; aumento de patrullas aéreas; debate sobre el "muro de drones" europeo

La doctrina híbrida del Kremlin: desestabilizar sin disparar

El instituto de estudios de seguridad RUSI (Royal United Services Institute) publicó en diciembre de 2025 un análisis que anticipó con precisión lo que está ocurriendo en el Báltico: la guerra híbrida de Rusia en 2026 se articularía en torno a tres pilares —sabotaje de infraestructuras de defensa y cadenas de suministro a Ucrania, subversión informativa durante ciclos electorales europeos, y coerción mediante violaciones de espacio aéreo y naval sistemáticas—. El caso de los drones en el Báltico encaja perfectamente en el tercer pilar: no es Rusia la que lanza los drones, sino Ucrania; pero es Rusia la que los desvía mediante interferencia GPS para que aterricen en territorio de la OTAN, forzando a los aliados a responder, generando titulares sobre la vulnerabilidad de sus espacios aéreos y sembrando la desconfianza entre Kyiv y sus socios. El think tank Belfer Center de Harvard advirtió en febrero de 2026 que la escalada de tácticas de zona gris —anteriores a la guerra de Ucrania— precedió históricamente a los escenarios de conflicto abierto, y que el patrón en el Báltico en 2026 presenta "paralelismos preocupantes" con el período 2021-2022 en la frontera ruso-ucraniana.

Kaliningrado y Lituania: la fractura más sensible del flanco oriental

De los tres países bálticos, Lituania es el que se encuentra en la posición estratégica más delicada. El territorio lituano es el único punto terrestre que conecta —o separa— el enclave ruso de Kaliningrado del resto de la Federación Rusa, a través del corredor de Suwalki: una franja de apenas 65 kilómetros de territorio compartido con Polonia que representa el talón de Aquiles geográfico de toda la frontera oriental de la OTAN. El Consejo de Seguridad de la Federación Rusa emitió en abril de 2026 un comunicado en el que acusó a Lituania de "crear un centro de tensión" cerca de Kaliningrado, criticó su "curso de militarización" y la responsabilizó de la escalada en la región —en lo que el Lansing Institute calificó como "parte de la campaña informativa del Kremlin dentro de la guerra híbrida más amplia"—. La respuesta lituana fue clara: acelerar la construcción de las barreras defensivas en la frontera con Rusia y Bielorrusia —que ya están en marcha desde 2023— y exigir a la OTAN mayor presencia permanente de tropas aliadas en el corredor de Suwalki.

El "muro de drones" europeo: la propuesta que no llegó a tiempo

El diario eldiario.es reveló el 25 de mayo que Von der Leyen reconoció en Vilna la existencia de "vulnerabilidades" en el espacio aéreo báltico y que el proyecto de muro de drones europeo —un sistema integrado de detección, jamming y derribamiento de UAVs no autorizados a lo largo de la frontera oriental de la UE— no llegó a estar operativo antes de la oleada de incidentes de mayo. El proyecto fue anunciado en 2024 como respuesta al precedente de los drones que cayeron en Polonia durante los primeros compases de la guerra de Ucrania, pero su implementación técnica —que requiere la integración de sistemas de radar, sensores acústicos, jammers de espectro ancho y plataformas de interceptación cinética de varios países miembros— se atrasó por problemas de coordinación industrial y de soberanía sobre el control del espacio aéreo. La crisis de mayo 2026 convirtió ese retraso en un problema político de primer orden. La solicitud de los tres presidentes bálticos a Von der Leyen fue explícita: acelerar la implementación del muro de drones, aumentar la presencia de cazas de la OTAN en la región y establecer un protocolo de respuesta automática que no requiera aprobación política país a país antes de poder derribar un dron intruso.