En la guerra de Ucrania, el dron ya no es un arma auxiliar: es el eje central alrededor del cual giran la ofensiva y la defensa de ambos bandos. Ucrania batió todos los récords históricos de operaciones de drones ofensivos de largo alcance, golpeando refinerías de petróleo en el interior de Rusia, depósitos de munición a cientos de kilómetros del frente y, más recientemente, objetivos industriales y militares en las regiones de Moscú y Leningrado. Rusia respondió con sus propios drones masivos —los Shahed iraníes—, pero en el campo de la defensa antidrones ha estado en una carrera de adaptación constante que ahora llega a una nueva fase. El lunes 26 de mayo de 2026, en el marco del Foro Internacional de Seguridad que el Consejo de Seguridad de Rusia organiza en la región de Moscú hasta el 29 de mayo, el conglomerado estatal Rostec presentó oficialmente el ZAK-30 "Citadel": una torreta antidrones fija con cañón automático de 30 milímetros y munición programable que el fabricante describe como "inteligente" por su capacidad de calcular el punto de detonación óptimo según la trayectoria del objetivo. Es la respuesta rusa más sofisticada hasta la fecha a la amenaza de drones de ala fija y multirrotor que Ucrania ha convertido en su ventaja táctica más notable de los últimos dos años.
Cómo funciona el ZAK-30 Citadel: sensores, cañón y espoleta programable
El ZAK-30 Citadel es, en esencia, un sistema de defensa de punto fijo: está diseñado no para moverse con las tropas en el campo de batalla sino para proteger infraestructura estática de alto valor —refinerías, depósitos de almacenamiento, instalaciones militares, zonas urbanas estratégicas—. Su arquitectura tiene tres componentes clave. El primero es su sistema de detección multimodal: la torreta combina radar con sensores ópticos en las bandas visible e infrarroja, lo que le permite detectar y rastrear drones incluso en condiciones de baja visibilidad, niebla o contramedidas electrónicas básicas. El segundo componente es el cañón automático de 30 mm, capaz de disparar ráfagas de alta cadencia contra objetivos pequeños y rápidos. El tercer elemento —y el que justifica la denominación de "munición inteligente"— es la espoleta programable de sus proyectiles: en lugar de detonar al impacto o a distancia fija, el sistema calcula en tiempo real la trayectoria del dron objetivo y programa la espoleta para que el proyectil explote en el "punto de detonación óptimo", maximizando la dispersión de metralla sobre el blanco y minimizando el consumo de munición por derribo. El investigador de defensa Andrii Tarasenko, citado por Defense Express, estimó el radio efectivo del sistema en 1,2 kilómetros y su costo unitario en aproximadamente 600 millones de rublos (unos 6,5 millones de dólares al tipo de cambio de mayo de 2026).
Por qué Ucrania obligó a Rusia a inventar el Citadel
El ZAK-30 no nació de una hoja de ruta tecnológica planificada: nació de una urgencia operativa concreta. Desde 2024, Ucrania ha convertido los ataques con drones de largo alcance contra refinerías de petróleo rusas en una de sus principales estrategias para dañar la economía de guerra del Kremlin. Los drones FPV y de ala fija ucranianos son difíciles de interceptar con los sistemas convencionales de defensa antiaérea rusos —los S-300, S-400 y Pantsir-S1— porque son pequeños, vuelan bajo, son baratos de producir en masa y pueden ser lanzados en enjambres que agotan los misiles interceptores disponibles. El portal de análisis United24 Media documentó el 25 de mayo que los ataques ucranianos "obligaron a Rusia a crear el ZAK-30 para defender sus refinerías", y que el sistema fue "diseñado específicamente para proteger infraestructura fija frente a drones multirrotor y de ala fija". En ese sentido, el Citadel es un síntoma tan revelador como el propio sistema: muestra que Ucrania logró, a base de presión operativa persistente, forzar a Rusia a invertir en una tecnología de defensa puntual que antes no consideraba necesaria.
El ecosistema antidrones ruso: del Citadel a las escopetas
| Sistema | Tipo | Función principal | Estado |
|---|---|---|---|
| ZAK-30 Citadel | Torreta fija de artillería (30 mm) | Protección de infraestructura fija contra drones de ala fija y multirrotor | Presentado en mayo 2026; pruebas de campo realizadas |
| Radon-O | Sistema antidrones electrónico / cinético | Detección temprana, seguimiento preciso y neutralización en condiciones de guerra radioelectrónica intensa | Probado y confirmado eficaz en marzo 2026; en producción |
| Torreta automatizada con IA (en pruebas) | Torreta móvil sobre vehículo blindado | Derribar drones suicidas desde vehículos en movimiento; detección por IA | En fase de pruebas (mayo 2026); presentada en Instagram de Rostec |
| MP-155 antidrones + IGLA 100 | Escopeta semiautomática con munición de tungsteno 12×76 mm | Defensa de infantería de corto alcance contra drones FPV | En servicio; cartuchos IGLA 100 en entrega masiva desde 2024 |
| Pantsir-S1 / S-300 / S-400 | Sistemas convencionales misiles antiaéreos | Defensa contra misiles y drones de mayor tamaño | En servicio activo; limitados contra drones pequeños y baratos |
La otra cara: Rusia planea 110.000 drones ofensivos en 2026
El lanzamiento del Citadel como sistema defensivo ocurre en paralelo con una expansión sin precedentes de la capacidad ofensiva de drones rusos. La inteligencia ucraniana, citada por United24 Media el 14 de mayo, reveló los objetivos de producción del Kremlin para 2026: 110.000 drones de largo alcance de distintos tipos, a un ritmo que actualmente alcanza las 142 unidades diarias y que está programado para escalar hasta las 455 unidades por día en diciembre de 2026. Si se cumplen esas proyecciones, Rusia estaría produciendo en un solo mes más drones ofensivos de los que toda Ucrania había tenido disponibles al inicio de la guerra. El análisis de ACK3 señaló que la estrategia aérea rusa evolucionó radicalmente entre 2025 y 2026: de los ataques masivos de drones de bajo costo diseñados para "agotar" las defensas ucranianas, Moscú pasó en 2026 a una "saturación cualitativa" que combina drones baratos, misiles balísticos de alta energía, vectores supersónicos y sistemas hipersónicos como el Oreshnik —usado por primera vez sobre Kiev el 23 de mayo—. En ese contexto, el Citadel no es solo una pieza de tecnología antidrones: es un componente de una arquitectura de guerra tecnológica que ninguno de los dos bandos tiene intención de pausar.
La carrera tecnológica como nueva dinámica de la guerra
La presentación del ZAK-30 en el Foro de Seguridad de Moscú es también un mensaje para el mundo. Rostec no solo fabrica para las fuerzas armadas rusas: es uno de los mayores exportadores de armamento del mundo, y el foro donde presentó el Citadel tiene entre sus asistentes a delegaciones de decenas de países. En el contexto de la guerra de Ucrania, cada innovación tecnológica rusa —y ucraniana— que se prueba en combate real se convierte en un catálogo para potenciales compradores futuros. La torreta automatizada, la munición programable, el drone FPV guiado por IA: son tecnologías que van a proliferar. El Ministerio de Defensa español contempló en marzo el posible despliegue de cazaminas en el Estrecho de Ormuz; la OTAN debate el "muro de drones" en el Báltico; Israel perfecciona el Iron Beam láser contra UAVs; y Ucrania —que la Huffington Post calificó el 25 de mayo como "una potencia global en drones"— sigue innovando con costos unitarios de fabricación que Rusia no puede igualar. Lo que la guerra de Ucrania está produciendo, en tiempo real y con vidas humanas como precio, es el mayor laboratorio de tecnología militar desde la Segunda Guerra Mundial.