El conflicto entre Estados Unidos e Israel y la República Islámica de Irán —iniciado con los primeros bombardeos del 28 de febrero de 2026— cumple casi tres meses sin resolución diplomática a la vista. El 26 de mayo, después de que el Ejército de EEUU lanzara nuevos ataques contra instalaciones militares y embarcaciones en la provincia de Ormuzgán, en el sur de Irán, la cancillería iraní acusó a Washington de violar la tregua vigente desde abril. La respuesta de Pekín llegó en cuestión de horas. La portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Mao Ning, compareció ante la prensa y entregó el mensaje más directo que Beijing ha emitido desde el inicio del conflicto: "China pide a las partes que respeten sus compromisos con el alto el fuego y se ciñan a la resolución de disputas a través de medios pacíficos". Acto seguido, añadió que China reclama a las partes que "continúen el diálogo y las negociaciones para lograr un alto el fuego que acomode las preocupaciones legítimas de las partes, y trabajen para una pronta restauración de la paz en el Golfo y Oriente Próximo". Dos días antes, el lunes 24, Beijing ya había pedido "consolidar" las negociaciones e insistido en que la guerra "nunca debería haber ocurrido y no tiene sentido prolongarla más". Es la voz de un actor que tiene demasiado que perder para quedarse en silencio, pero que no quiere arriesgar su relación con Washington para proteger a Teherán.

Las citas textuales: qué dijo exactamente Beijing

"China pide a las partes que respeten sus compromisos con el alto el fuego y se ciñan a la resolución de disputas a través de medios pacíficos. China también está dispuesta a continuar desempeñando un papel constructivo para defender el régimen de no proliferación nuclear y salvaguardar la paz y la estabilidad en Oriente Medio y el Golfo Pérsico." — Mao Ning, portavoz del Ministerio de Exteriores de China, rueda de prensa, Pekín, 26 de mayo de 2026.

Las palabras de Mao Ning el 26 de mayo no son aisladas: son la última pieza de una cadena de declaraciones que Pekín viene emitiendo con creciente frecuencia e insistencia desde el inicio del conflicto. El 1 de marzo, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, reclamó el "cese inmediato" de las operaciones militares contra Irán en una llamada con su homólogo ruso Lavrov, advirtiendo que la situación podía evolucionar hacia "un punto incontrolable". El 3 de marzo, el mismo Wang Yi trasladó a Irán la "amistad" de China y reiteró el apoyo a su soberanía. El 6 de marzo, Beijing exigió un alto el fuego inmediato en Oriente Medio. El 14 de mayo, Pekín instó a Irán y EEUU a "no cerrar la puerta al diálogo" y avanzar hacia un acuerdo nuclear. La escalada retórica de China sigue puntualmente la escalada militar del conflicto: cada nueva oleada de ataques tiene su correspondiente declaración de Exteriores chino, siempre en el mismo tono —firme en las formas, cauto en el contenido, sin pasos que puedan interpretarse como presión activa sobre ninguna de las partes—.

El bloqueo de las sanciones: cuando la diplomacia tiene nombre comercial

El 1 de mayo, China fue más allá de las declaraciones verbales. Beijing anunció el bloqueo interno de la aplicación de sanciones que EEUU había impuesto contra cinco empresas chinas por sus presuntos vínculos con el comercio de petróleo iraní. La medida —una orden que prohíbe a personas y entidades chinas cumplir, reconocer o ejecutar esas sanciones— es una respuesta directa al anuncio de Washington del 10 de mayo de reforzar las sanciones contra el petróleo iraní y cortar específicamente las exportaciones hacia China. La lógica es transparente: Irán es uno de los principales proveedores de crudo de China, especialmente en el contexto en que el estrecho de Ormuz está parcialmente interrumpido y los precios del petróleo registran su mayor volatilidad en años. Permitir que Washington sancione el flujo de petróleo iraní hacia China —ya penalizado por el cierre de Ormuz— equivale a aceptar que EEUU tiene capacidad de determinar qué energía puede comprar China. Y eso, para Pekín, no es negociable.

La posición china: el mapa de actores y las líneas rojas de Beijing

Dimensión Posición de China Límite o matiz
Alto el fuego Exige respetar los compromisos de tregua; pide cese inmediato de hostilidades No propone mecanismo de verificación ni fuerzas de interposición
Acuerdo nuclear Apoya negociaciones que satisfagan preocupaciones de todas las partes; pide no cerrar la puerta al diálogo No presiona a Irán sobre enriquecimiento; tampoco apoya posición de EEUU sobre verificaciones
Mediación activa Se muestra "dispuesta a un papel constructivo"; asesor del Ministerio chino dijo "colaboraremos con las partes" CNN: fuente china confirma que Beijing no actuará como mediadora formal; "la raíz del conflicto está en EEUU e Israel"
Sanciones Bloqueó aplicación de sanciones de EEUU a 5 empresas chinas (1 mayo) No sanciona a EEUU ni a Israel; mantiene canales comerciales con Washington
Estrecho de Ormuz Reclama reapertura "cuanto antes" de las rutas marítimas; califica el cierre como urgencia nacional No ha ofrecido escolta naval propia ni respaldo militar a Irán
Régimen de no proliferación Mao Ning: defender el régimen de no proliferación como objetivo chino en la crisis No condena explícitamente el programa nuclear iraní; pide acuerdo negociado, no unilateral

Ormuz: el nervio económico que explica todo lo demás

La razón por la que China habla tan alto en este conflicto —pero actúa con tanta cautela— tiene un nombre geográfico: el estrecho de Ormuz. Por ese canal de apenas 34 kilómetros de ancho en su punto más estrecho transitan entre el 20% y el 21% del petróleo y el gas licuado del mundo. Irán controla la orilla norte del estrecho y tiene capacidad de minarlo, bloquearlo o restringir el tránsito en momentos de tensión con EEUU. El conflicto iniciado el 28 de febrero afectó gravemente la navegación en la zona: el cierre parcial de Ormuz a lo largo de los casi tres meses de guerra provocó un disparo de los precios del crudo, aumentó los costos de seguros marítimos para las aseguradoras que operan en la región y forzó a múltiples cargamentos a tomar rutas alternativas mucho más largas y caras. China —que importa diariamente más de 10 millones de barriles de petróleo y que ve en el petróleo iraní uno de sus suministros más baratos y sin condicionantes políticos— lleva exactamente 88 días absorbiendo el impacto económico de una guerra en la que no es beligerante. La presión de Mao Ning el 26 de mayo no es solo diplomática: es una señal de que Beijing tiene un interés material urgente en que el alto el fuego se consolide y el canal vuelva a estar operativo.

La paradoja china: mediador reacio con intereses maximalistas

CNN reveló el 22 de mayo un análisis de personas familiarizadas con la postura del gobierno chino que explica la paradoja de Beijing en este conflicto con una claridad inusual: China quiere que la crisis termine, necesita que Ormuz se reabra y tiene relaciones profundas tanto con Irán —su proveedor de energía— como con EEUU —su principal socio comercial—. Pero precisamente por tener tanto en juego con ambos lados, no quiere arriesgarse a ejercer presión explícita sobre Teherán que Washington pueda leer como una señal de que China está dispuesta a sacrificar sus relaciones con Irán por un acuerdo diplomático con EEUU. "La postura de China es no ejercer presión sobre Irán en este punto, ya que la raíz del conflicto se encuentra en la relación de Estados Unidos con Israel; por lo tanto, corresponde a estas dos naciones liderar la resolución de la crisis, puesto que fueron ellas quienes la iniciaron", dijo la fuente china a CNN. El resultado es el de un actor global que habla en voz alta, actúa con pies de plomo y espera que otros —Trump, en particular, después de su reciente visita a Pekín— resuelvan el problema que China no quiso causar y que no puede permitirse ignorar.