El 5 de mayo de 2026, la Organización Mundial de la Salud recibió la notificación de un nuevo brote de ébola en la provincia de Ituri, en el noreste de la República Democrática del Congo. Ese mismo día, los epidemiólogos del organismo activaron los protocolos de respuesta de emergencia. Once días después, el 16 de mayo, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaró el brote Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII): la categoría de máxima alerta sanitaria internacional, la misma que se activó durante la pandemia de COVID-19, el ébola de 2014 y el SARS de 2003. A 27 de mayo, los números del brote son los siguientes: más de 900 casos sospechosos y 220 muertes sospechosas en la RDC, según la propia OMS; 5 casos confirmados y 1 muerte en Uganda; más de 1.200 contactos identificados y en seguimiento; y al menos cuatro profesionales sanitarios entre los fallecidos. La velocidad de propagación es lo que más preocupa a los expertos: Tedros declaró el 19 de mayo su "profunda inquietud por la magnitud y la rapidez" del avance, advirtiendo que el brote "se está propagando más rápido de lo que los trabajadores de la salud pueden contenerlo". Y añadió que la cifra real de posibles casos podría llegar a ser "tan alta como 900" —una estimación que ya se ha cumplido—.
La cepa Bundibugyo: el agravante sin vacuna ni tratamiento aprobado
No todos los brotes de ébola son iguales. El virus del ébola tiene cinco especies reconocidas, de las cuales la más frecuente y letal en los grandes brotes históricos es la cepa Zaire —la responsable del brote de África Occidental de 2014-2016 con más de 11.000 muertos—. Para esa cepa existen hoy dos vacunas aprobadas (rVSV-ZEBOV y Ad26.ZEBOV) y al menos dos tratamientos aprobados (mAb114 y REGN-EB3). El problema del brote de 2026 es que está causado por la cepa Bundibugyo: una variante más rara, identificada por primera vez en Uganda en 2007, para la que no existen vacunas ni tratamientos aprobados. Las vacunas y terapias existentes son específicas para la cepa Zaire y no ofrecen protección cruzada eficaz contra Bundibugyo. La OMS, consciente de este vacío, recomendó el 24 de mayo priorizar dos anticuerpos en ensayos clínicos de emergencia y la evaluación del antiviral obeldesivir como tratamiento experimental para los contactos de alto riesgo. Mientras los ensayos se desarrollan, el tratamiento disponible es el mismo que en los años 80: soporte intensivo para mantener al paciente con vida mientras el sistema inmune combate el virus —o cede ante él—. La tasa de mortalidad del Bundibugyo se estima entre el 25% y el 40% de los casos.
Epicentro: Ituri, Kivu del Norte y la frontera con Uganda
El epicentro del brote es la provincia de Ituri, en el noreste de la RDC, una región de difícil acceso, con sistemas sanitarios muy frágiles, alta actividad de grupos armados y un intenso flujo migratorio hacia Uganda y Sudán del Sur. Las dos zonas de salud más afectadas son Mongbwalu —el mayor foco, con 317 casos sospechosos y 80 fallecimientos según datos del Ministerio de Salud congoleño del 20 de mayo— y Rwampara, con 179 casos sospechosos y 44 muertes. El brote se ha extendido además a la provincia de Kivu del Norte, incluyendo zonas de salud en Butembo, Katwa y —lo que más alarma a los epidemiólogos— Goma, la capital provincial con más de dos millones de habitantes, conexión aérea internacional y frontera directa con Rwanda. El primer caso sospechoso fue una persona que comenzó con síntomas el 24 de abril y falleció en Bunia, la capital de Ituri, antes de que se identificara el brote. Cuando se detectaron los primeros casos y se activó la respuesta, el virus ya llevaba al menos dos semanas circulando sin control.
Situación epidemiológica al 27 de mayo de 2026
| Indicador | RDC (al 24/05/2026) | Uganda (al 24/05/2026) |
|---|---|---|
| Casos sospechosos totales | +900 (OMS, 24 mayo) | 12 sospechosos; 5 confirmados |
| Casos confirmados por laboratorio | 101 confirmados (al 25/05) | 5 confirmados |
| Muertes sospechosas | 220 muertes sospechosas | 1 muerte confirmada |
| Muertes confirmadas | 10 muertes confirmadas | 1 confirmada |
| Profesionales sanitarios fallecidos | Al menos 4 | — |
| Contactos en seguimiento | +1.200 contactos identificados | 127 contactos |
| Provincias afectadas | Ituri (Bunia, Rwampara, Mongbwalu, Nyankunde) + Kivu del Norte (Butembo, Katwa, Goma) | Kampala (capital) |
| Nivel de riesgo OMS | Muy alto (elevado de "alto" el 24/05) | Alto |
El caso de Berlín: Peter Stafford y los seis contactos en La Charité
El 19 de mayo, el ébola Bundibugyo cruzó el Atlántico y aterrizó en Europa. El doctor Peter Stafford, médico misionero y ciudadano estadounidense que trabajaba en el Hospital Nyankunde de la provincia de Ituri, fue trasladado al Hospital Universitario La Charité de Berlín para recibir tratamiento especializado en aislamiento de máximo nivel. Junto con él viajaron seis contactos de alto riesgo —personas que habían tenido contacto estrecho con el doctor mientras era potencialmente infeccioso— para iniciar el protocolo de monitoreo y, en su caso, tratamiento precoz con los antivirales experimentales disponibles. La elección de La Charité no fue casual: Alemania cuenta desde 2014 con una red nacional de hospitales de alta seguridad biológica especializados en el tratamiento de enfermedades hemorrágicas altamente infecciosas. Ya en ese año, tres pacientes de ébola de la cepa Zaire fueron tratados en Alemania con buenos resultados. La Charité es uno de los hospitales universitarios más grandes de Europa y dispone de las unidades de aislamiento de presión negativa y los equipos de protección individual necesarios para manejar un caso de ébola sin riesgo de transmisión nosocomial. La DW recordó que estos tratamientos son "extremadamente costosos" y poco comunes incluso en un país con el nivel sanitario de Alemania.
La respuesta internacional: 3,9 millones de la OMS y el despliegue del Africa CDC
La OMS liberó el 24 de mayo unos 3,9 millones de dólares del Fondo de Contingencia para Emergencias para financiar las operaciones inmediatas en el terreno: rastreo de contactos, instalación de centros de tratamiento de aislamiento, fortalecimiento de la capacidad de diagnóstico de laboratorio, formación de personal sanitario local y comunicación de riesgos a la comunidad. El Africa CDC activó su protocolo de respuesta regional y coordina con los ministerios de salud de Uganda, Rwanda, Sudán del Sur y Burundi —los cuatro países fronterizos con la RDC que la OMS identificó en estado de "riesgo elevado" de contagio transfronterizo—. Dos elementos complican la respuesta: el primero es la presencia activa de grupos armados en la provincia de Ituri, que dificultan el acceso de los equipos sanitarios a zonas donde puede haber casos sin diagnosticar. El segundo es la desconfianza comunitaria acumulada durante los brotes anteriores: en 2018-2020, el brote de Kivu del Norte fue el segundo más mortífero de la historia precisamente porque la violencia y la falta de confianza retrasaron la vacunación. En 2026, con una cepa para la que no hay vacuna aprobada, el componente comunitario es aún más crítico que entonces.
El riesgo de importación en Europa: bajo pero no cero
El Ministerio de Sanidad de España publicó el 22 de mayo un informe de situación —uno de los documentos de referencia más detallados disponibles en español sobre el brote— en el que evalúa el riesgo para los ciudadanos europeos. Su conclusión es clara: la probabilidad de exposición para personas que viajen a las zonas afectadas adoptando precauciones estándar es "muy baja", y si se detectara un caso importado en España, la probabilidad de transmisión secundaria también se considera "muy baja" gracias a la capacidad diagnóstica disponible. La OMS, por su parte, desaconseja explícitamente cualquier restricción de viaje o comercial con la RDC o Uganda según la información disponible. Sin embargo, el propio informe del Ministerio señala que la situación merece seguimiento activo: el brote ocurre en una región con gran flujo migratorio, hay casos confirmados ya en la capital de Uganda (Kampala), y Goma —uno de los focos congoleños— tiene conexión aérea regular con varias ciudades africanas con vuelos hacia Europa. El período de incubación del Bundibugyo es de entre 2 y 21 días, lo que significa que una persona infectada puede viajar sin síntomas y cruzar fronteras antes de que el virus se manifieste. Ese es exactamente el escenario que los gobiernos europeos monitorean con más atención.